Este libro, es una recopilación de ensayos sobre estos temas, de Schopenhauer, la edición que yo obtuve pertenece a los clásicos de la filosofía, editada por Fontana y lo compré en la librería Libroria de las Mercedes en Caracas.
Desde el punto de vista feminista, no suma ningún elemento interesante, ni digno de estudiar, sino que todo lo contrario, le resta a una época y lo único que aporta son muestras de la situación insostenible y de desigualdad de la mujer para el siglo XVIII.
Pero para comenzar con la descripción del libro, quiero primero referirme a la relación de Schopenhauer con las mujeres, debido a que, por lo que reportan sus biografías, fue un hijo no querido por su madre y tuvo un solo amor sentimental, que además fue no correspondido. Esto, aunado a su particular pesimismo, nos puede hacer entender, el porqué apoyará a la sentencia de Napoleón I, de que “las mujeres no tienen categoría”. Dejándonos en menos de lo que pudimos haber sido consideradas en la filosofía griega, en la que por lo menos teníamos la misma categoría que los esclavos. Esa independencia femenina, que le dio el separarse de su madre a temprana edad y la no correspondencia de una mujer en el amor, marcaron el sarcasmo con el que posteriormente se refería a todas las demás, y posiblemente, la condición pesimista ante la vida, en la que el sufrimiento es lo único realmente existente, mientras que la felicidad y la actitud positiva son antinaturales.
El autor de la voluntad como representación, de alguna manera tiene explicación a la voluntad de vivir, por cuanto ese deseo sobrenatural de permanecer en un mundo lleno de defectos e imperfecciones, es una actitud más que positiva, masoquista.
Es importante referirme al aspecto de que el título no fue pensado por el autor, debido a que se trata de una recopilación de ensayos titulados de manera separada, el amor, las mujeres, la muerte. No siendo de ninguna manera una relación de lo que es el amor en relación a las mujeres ni las mujeres en relación a la muerte. Para Schopenhauer las mujeres no somos culpables de nada, ni siquiera de las desgracias masculinas y por eso apoya a Napoleón I, “no tenemos categoría”, y pensar en que las mujeres somos culpables de los males de un hombre sería mucho otorgarnos, para él, solo tenemos la función del hogar, de los hijos y pensar en derechos para nosotras es una tontería porque no sabemos ni siquiera pensar, al punto que no se nos puede permitir ni siquiera leer poesía.
Con este preámbulo, comienzo a describir los principales ensayos del libro, “el amor” para Schopenhauer es la pura representación de la voluntad de vivir, y esta voluntad, es la razón misma de vivir, pero que no explica por sí sola esta voluntad. Sin embargo, el amor es considerado por él, como un acto primitivo de reproducción y conservación de la especie, en la que la pasión denota su existencia, pero la misma desaparece con la consumación misma de la pasión y esto se debe a que una vez obtenidos los amantes el resultado de su relación ante la humanidad, y haber aportado los hijos que permitirán la continuidad de la existencia, ya la pasión puede desaparecer.
Así mismo, el amor es un disfraz de esa pasión, que se figura en pinturas, se escribe en versos, se representa en novelas, pero no es tal, debido a que esa voluntad de amar termina con la consumación misma del amor, y esto no es más que un espejismo de la suprema felicidad, que hace que los amantes se busquen unos a otros con las características que permitirán que la especie vaya en mejoría, con la unión de mujeres bellas con hombres fuertes, o bajas con hombres altos, de hombres inteligentes con mujeres graciosas, y que por esto la preferencia de los seres por sujetos sanos.
Sin embargo, esa alucinación que se produce en un hombre al ver a una mujer de su gusto, experimenta una desilusión y desengaño al satisfacer la pasión, y es solo la especie la que se satisface de esa pasión pasajera con la reproducción de los hijos. Por eso, la fidelidad es un mal invento, debido a que los hombres pueden procrear muchos hijos, mientras que las mujeres no y por otra parte, cuando muere la pasión por una mujer, puede despertar en otra, que por inventar cosas como el matrimonio y la fidelidad se ve reprimida la voluntad misma, de vivir.
Para el autor, el amor apasionado no es considerado como lo era en su época, un pecado, es más bien la voluntad de vivir, la voluntad innata de la especie, capaz de hacer que hombres y mujeres se profesen un amor eterno capaz de llevarlos a perder el deseo de vivir y por ende a la muerte, tal como Romeo y Julieta. Pero esa decisión de dejarlo todo por amor, no es un sentimiento que provenga del corazón y menos de la razón, sino del instinto de la especie por perpetuarse.
Después del amor, se presenta el ensayo relacionado con las mujeres, en la que el autor desata toda su pesimista pluma y por que no, todo su rencor hacia un genero del que no ha sido correspondido. En el que inicia diciendo textualmente “Solo al contemplar a una mujer podemos comprobar que no está destinada ni a los trabajos de la inteligencia, ni a los grandes trabajos materiales. Paga su deuda de la vida no solo con la acción, sino con el sufrimiento, los dolores de parto y las inquietudes que le proporcionan los hijos en su infancia; además tiene que obedecer al marido… su vida no está hecha para grandes esfuerzos ni para las penas o los placeres excesivos. (p.57)
Así continua, afirmando sin derecho a duda que las mujeres somos faltas de inteligencia y que solo somos aptas para la primera educación de los hijos, puesto que toda nuestras vidas es una eterna infancia, y que solo nosotras podríamos atender a los hijos, debido a que el jugar y bailar con los niños no es cosa de hombres.
Le atribuye a la naturaleza, nuestra belleza, gracia y perfección física, durante algunos años, con el fin único de conquistar a un marido que se haga cargo de ellas, alegando que debido a que la razón y la reflexión no nos habría servido de nada, la naturaleza nos ha dotado de las armas necesarias para asegurar la existencia, pero que tal como las hormigas pierden las alas después de la gestación, las mujeres después de dos partos perdemos nuestras armas de belleza que nos hicieron conquistar al padre de nuestros hijos.
Nos consideraba astutas, más no inteligentes, y esa astucia nos sirve (según él) como arma para defendernos de nuestra falta de raciocinio, reflexión e inteligencia, tal como un león se defiende con sus garras. Siendo nuestro único fin, alcanzar un hombre que nos de lo que nosotras ni por inteligencia ni por fuerza podernos alcanzar, y para ello nos valemos de la astucia, manifiesta en el fingimiento, el rodeo y la coquetería, lo que se traduce (textualmente) “en una monada”.
Duda en todo momento de nuestras capacidades, afirma sin derecho a replica que en toda la historia no hemos producido ninguna obra de arte, de literatura, ni nada original y que tanto Rousseau como los griegos tenían razón en no permitirnos entrar ni siquiera a la opera, por cuanto no podríamos apreciar una obra. Por lo que hablar de derechos de las mujeres es una posición enteramente falsa, para él, no debían existir consideraciones sobre damas y señoras, y la galantería y veneración que le manifiestan algunos hombres no es más que una hipocresía que nos ha hecho, arrogantes e impertinentes.
Se burla de las leyes que le otorgan a la mujer igual derecho sobre los bienes del marido, debido a que las colocan en igualdad de condiciones, pero le resulta una locura pensar que unos derechos otorguen beneficios, mientras que nada podría otorgarnos “razón”. Alegado que la ley debería otorgar además de derechos sobre los bienes, “razón viril”.
En resumen, Schopenhauer se desata contra las mujeres, describe cada uno de los defectos que él ve sobre nosotras, se burla de los derechos que se nos habían otorgado para la fecha y nos reduce a un mal necesario, que no hace más que servir para la continuidad de la especie.
Sin embargo, la indiferencia de Schopenhauer hacia las mujeres es tal, que no nos culpa de nada, como si lo hiciera San Agustín por ejemplo, al considerarnos culpables del pecado y la debilidad de los hombres. Según Schopenhauer, no tenemos categoría y por tanto, no somos responsables ni culpables de nada, el se muestra indiferente ante nuestra existencia, no servimos más que para traer los hijos producto de la voluntad de vivir, para ser admiradas cuando aun somos bellas, pero ni siquiera la perdida de la pasión de un hombre por una mujer es culpa nuestra, sino de la voluntad de vivir, que al conseguir los hijos se satisface y por ende se decepciona.
No estoy con esto experimentando una especie de masoquismo en el que prefiero que me peguen antes de que mi ignoren, sino que es de extrañar que un hombre con el pesimismo de Schopenhauer no busque el culpable mas a la mano que han tenido los hombres en la historia, “la mujer” y que a diferencia de los griegos y las doctrinas religiosas de su época, considere que es cuestión de la naturaleza los defectos que él observaba en las mujeres. Reduciéndonos con esto a un ser si categoría y en efecto, esto nos hace libres de toda culpa alimentada durante años y vigente en la mente de gran parte de la sociedad, aun en la actualidad.
Continua el libro con un ensayo sobre, la muerte, que es considerada por Schopenhauer como una necesidad de la naturaleza humana, por cuanto perpetuar la especie sería perpetuar un error hasta el infinito, por cuanto la humanidad es un cumulo de defectos y errores inservibles que de alguna manera se deben erradicar.
La muerte es entonces una oportunidad de corregir los errores humanos, en nuevas generaciones que nos sustituyan como las hojas nuevas sustituyen a las secas que se caen de los árboles y esa labor le corresponde a los jóvenes. No encuentra sentido en la eternidad y la inexistencia de la muerte no daría lugar a su teoría de la voluntad de vivir.
El libro contiene otros ensayos, relacionados con la política, la sociedad, la religión y el arte. Siendo todos ellos un explicar de la voluntad del hombre por la vida, en donde el arte es todo lo bello, la pintura lo mas maravilloso de la creación humana y la religión una excusa para reprimir la voluntad del hombre por la vida, una burla al instinto y un invento mal estructutado que ofende en sus intenciones de hacer hombres felices, que obedecen a una razón que va en contra de su instinto y su propia voluntad.
Una obra genial, que da paso a los grandes pensadores del siglo XIX, y que como filosofo de la época, marcó un momento, con una mirada futurista, capaz de entender el papel del hombre en la sociedad, en cuanto a la libertad y la religión, pero incapaz de ver en la mujer un ser humano que dos siglos después podría leer su filosofía y usarla para interpretar el pensamiento histórico en relación a la feminidad.
Disfruté mucho de esta lectura, el tono sarcástico de Schopenhauer lo convierte en uno de mis preferidos y encuentro en él elementos que marcaron el pensamiento de Nietzsche. Vale la pena leerlo.
El libro está disponible en este enlace: El amor, las mujeres y la muerte
Desde el punto de vista feminista, no suma ningún elemento interesante, ni digno de estudiar, sino que todo lo contrario, le resta a una época y lo único que aporta son muestras de la situación insostenible y de desigualdad de la mujer para el siglo XVIII.
Pero para comenzar con la descripción del libro, quiero primero referirme a la relación de Schopenhauer con las mujeres, debido a que, por lo que reportan sus biografías, fue un hijo no querido por su madre y tuvo un solo amor sentimental, que además fue no correspondido. Esto, aunado a su particular pesimismo, nos puede hacer entender, el porqué apoyará a la sentencia de Napoleón I, de que “las mujeres no tienen categoría”. Dejándonos en menos de lo que pudimos haber sido consideradas en la filosofía griega, en la que por lo menos teníamos la misma categoría que los esclavos. Esa independencia femenina, que le dio el separarse de su madre a temprana edad y la no correspondencia de una mujer en el amor, marcaron el sarcasmo con el que posteriormente se refería a todas las demás, y posiblemente, la condición pesimista ante la vida, en la que el sufrimiento es lo único realmente existente, mientras que la felicidad y la actitud positiva son antinaturales.
El autor de la voluntad como representación, de alguna manera tiene explicación a la voluntad de vivir, por cuanto ese deseo sobrenatural de permanecer en un mundo lleno de defectos e imperfecciones, es una actitud más que positiva, masoquista.
Es importante referirme al aspecto de que el título no fue pensado por el autor, debido a que se trata de una recopilación de ensayos titulados de manera separada, el amor, las mujeres, la muerte. No siendo de ninguna manera una relación de lo que es el amor en relación a las mujeres ni las mujeres en relación a la muerte. Para Schopenhauer las mujeres no somos culpables de nada, ni siquiera de las desgracias masculinas y por eso apoya a Napoleón I, “no tenemos categoría”, y pensar en que las mujeres somos culpables de los males de un hombre sería mucho otorgarnos, para él, solo tenemos la función del hogar, de los hijos y pensar en derechos para nosotras es una tontería porque no sabemos ni siquiera pensar, al punto que no se nos puede permitir ni siquiera leer poesía.
Con este preámbulo, comienzo a describir los principales ensayos del libro, “el amor” para Schopenhauer es la pura representación de la voluntad de vivir, y esta voluntad, es la razón misma de vivir, pero que no explica por sí sola esta voluntad. Sin embargo, el amor es considerado por él, como un acto primitivo de reproducción y conservación de la especie, en la que la pasión denota su existencia, pero la misma desaparece con la consumación misma de la pasión y esto se debe a que una vez obtenidos los amantes el resultado de su relación ante la humanidad, y haber aportado los hijos que permitirán la continuidad de la existencia, ya la pasión puede desaparecer.
Así mismo, el amor es un disfraz de esa pasión, que se figura en pinturas, se escribe en versos, se representa en novelas, pero no es tal, debido a que esa voluntad de amar termina con la consumación misma del amor, y esto no es más que un espejismo de la suprema felicidad, que hace que los amantes se busquen unos a otros con las características que permitirán que la especie vaya en mejoría, con la unión de mujeres bellas con hombres fuertes, o bajas con hombres altos, de hombres inteligentes con mujeres graciosas, y que por esto la preferencia de los seres por sujetos sanos.
Sin embargo, esa alucinación que se produce en un hombre al ver a una mujer de su gusto, experimenta una desilusión y desengaño al satisfacer la pasión, y es solo la especie la que se satisface de esa pasión pasajera con la reproducción de los hijos. Por eso, la fidelidad es un mal invento, debido a que los hombres pueden procrear muchos hijos, mientras que las mujeres no y por otra parte, cuando muere la pasión por una mujer, puede despertar en otra, que por inventar cosas como el matrimonio y la fidelidad se ve reprimida la voluntad misma, de vivir.
Para el autor, el amor apasionado no es considerado como lo era en su época, un pecado, es más bien la voluntad de vivir, la voluntad innata de la especie, capaz de hacer que hombres y mujeres se profesen un amor eterno capaz de llevarlos a perder el deseo de vivir y por ende a la muerte, tal como Romeo y Julieta. Pero esa decisión de dejarlo todo por amor, no es un sentimiento que provenga del corazón y menos de la razón, sino del instinto de la especie por perpetuarse.
Después del amor, se presenta el ensayo relacionado con las mujeres, en la que el autor desata toda su pesimista pluma y por que no, todo su rencor hacia un genero del que no ha sido correspondido. En el que inicia diciendo textualmente “Solo al contemplar a una mujer podemos comprobar que no está destinada ni a los trabajos de la inteligencia, ni a los grandes trabajos materiales. Paga su deuda de la vida no solo con la acción, sino con el sufrimiento, los dolores de parto y las inquietudes que le proporcionan los hijos en su infancia; además tiene que obedecer al marido… su vida no está hecha para grandes esfuerzos ni para las penas o los placeres excesivos. (p.57)
Así continua, afirmando sin derecho a duda que las mujeres somos faltas de inteligencia y que solo somos aptas para la primera educación de los hijos, puesto que toda nuestras vidas es una eterna infancia, y que solo nosotras podríamos atender a los hijos, debido a que el jugar y bailar con los niños no es cosa de hombres.
Le atribuye a la naturaleza, nuestra belleza, gracia y perfección física, durante algunos años, con el fin único de conquistar a un marido que se haga cargo de ellas, alegando que debido a que la razón y la reflexión no nos habría servido de nada, la naturaleza nos ha dotado de las armas necesarias para asegurar la existencia, pero que tal como las hormigas pierden las alas después de la gestación, las mujeres después de dos partos perdemos nuestras armas de belleza que nos hicieron conquistar al padre de nuestros hijos.
Nos consideraba astutas, más no inteligentes, y esa astucia nos sirve (según él) como arma para defendernos de nuestra falta de raciocinio, reflexión e inteligencia, tal como un león se defiende con sus garras. Siendo nuestro único fin, alcanzar un hombre que nos de lo que nosotras ni por inteligencia ni por fuerza podernos alcanzar, y para ello nos valemos de la astucia, manifiesta en el fingimiento, el rodeo y la coquetería, lo que se traduce (textualmente) “en una monada”.
Duda en todo momento de nuestras capacidades, afirma sin derecho a replica que en toda la historia no hemos producido ninguna obra de arte, de literatura, ni nada original y que tanto Rousseau como los griegos tenían razón en no permitirnos entrar ni siquiera a la opera, por cuanto no podríamos apreciar una obra. Por lo que hablar de derechos de las mujeres es una posición enteramente falsa, para él, no debían existir consideraciones sobre damas y señoras, y la galantería y veneración que le manifiestan algunos hombres no es más que una hipocresía que nos ha hecho, arrogantes e impertinentes.
Se burla de las leyes que le otorgan a la mujer igual derecho sobre los bienes del marido, debido a que las colocan en igualdad de condiciones, pero le resulta una locura pensar que unos derechos otorguen beneficios, mientras que nada podría otorgarnos “razón”. Alegado que la ley debería otorgar además de derechos sobre los bienes, “razón viril”.
En resumen, Schopenhauer se desata contra las mujeres, describe cada uno de los defectos que él ve sobre nosotras, se burla de los derechos que se nos habían otorgado para la fecha y nos reduce a un mal necesario, que no hace más que servir para la continuidad de la especie.
Sin embargo, la indiferencia de Schopenhauer hacia las mujeres es tal, que no nos culpa de nada, como si lo hiciera San Agustín por ejemplo, al considerarnos culpables del pecado y la debilidad de los hombres. Según Schopenhauer, no tenemos categoría y por tanto, no somos responsables ni culpables de nada, el se muestra indiferente ante nuestra existencia, no servimos más que para traer los hijos producto de la voluntad de vivir, para ser admiradas cuando aun somos bellas, pero ni siquiera la perdida de la pasión de un hombre por una mujer es culpa nuestra, sino de la voluntad de vivir, que al conseguir los hijos se satisface y por ende se decepciona.
No estoy con esto experimentando una especie de masoquismo en el que prefiero que me peguen antes de que mi ignoren, sino que es de extrañar que un hombre con el pesimismo de Schopenhauer no busque el culpable mas a la mano que han tenido los hombres en la historia, “la mujer” y que a diferencia de los griegos y las doctrinas religiosas de su época, considere que es cuestión de la naturaleza los defectos que él observaba en las mujeres. Reduciéndonos con esto a un ser si categoría y en efecto, esto nos hace libres de toda culpa alimentada durante años y vigente en la mente de gran parte de la sociedad, aun en la actualidad.
Continua el libro con un ensayo sobre, la muerte, que es considerada por Schopenhauer como una necesidad de la naturaleza humana, por cuanto perpetuar la especie sería perpetuar un error hasta el infinito, por cuanto la humanidad es un cumulo de defectos y errores inservibles que de alguna manera se deben erradicar.
La muerte es entonces una oportunidad de corregir los errores humanos, en nuevas generaciones que nos sustituyan como las hojas nuevas sustituyen a las secas que se caen de los árboles y esa labor le corresponde a los jóvenes. No encuentra sentido en la eternidad y la inexistencia de la muerte no daría lugar a su teoría de la voluntad de vivir.
El libro contiene otros ensayos, relacionados con la política, la sociedad, la religión y el arte. Siendo todos ellos un explicar de la voluntad del hombre por la vida, en donde el arte es todo lo bello, la pintura lo mas maravilloso de la creación humana y la religión una excusa para reprimir la voluntad del hombre por la vida, una burla al instinto y un invento mal estructutado que ofende en sus intenciones de hacer hombres felices, que obedecen a una razón que va en contra de su instinto y su propia voluntad.
Una obra genial, que da paso a los grandes pensadores del siglo XIX, y que como filosofo de la época, marcó un momento, con una mirada futurista, capaz de entender el papel del hombre en la sociedad, en cuanto a la libertad y la religión, pero incapaz de ver en la mujer un ser humano que dos siglos después podría leer su filosofía y usarla para interpretar el pensamiento histórico en relación a la feminidad.
Disfruté mucho de esta lectura, el tono sarcástico de Schopenhauer lo convierte en uno de mis preferidos y encuentro en él elementos que marcaron el pensamiento de Nietzsche. Vale la pena leerlo.
El libro está disponible en este enlace: El amor, las mujeres y la muerte
3 comentarios:
te agradesco noma me salvaste la vida bueno algo asi jaja tenia ke acer un trabajo acerca del libro gracias te dejo mi correo ice_live@hotmail.com
eres wooww!!
te lo juro, concuerdo al 100% con tu forma de pensar, simplemente maravilloso... (:
Yo creo que Schopenhauer, como dijo Borges, es quien "descifró el universo". Coincido en todo con él.
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